El crecimiento de las exportaciones a México ha sido vertiginoso. El año pasado ingresaron desde Brasil 94,700 toneladas de carne de pollo, un volumen 59.5% superior al de 2016, según la Asociación Brasileña de Proteína Animal (ABPA). Mientras que en 2014, las importaciones de carne de pollo desde Brasil representaban apenas 3.3%, en 2017, esos envíos alcanzaron 12%. En sentido contrario, en el mismo periodo, las importaciones de carne de pollo provenientes de Estados Unidos pasaron de representar 94.2% del total a 86%.

Uno de esos casos es el maíz amarillo. En 2017 llegaron desde el país sudamericano 583,207 toneladas, casi 11 veces más que en 2016, según datos del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP) de México.

Brasil pretende avanzar, con éxito, en los envíos de otros productos agroalimentarios, como soya, huevos, carne de pavo y, más a corto plazo, carne de cerdo.

 “En mayo próximo, nos convertiremos en un país libre de aftosa sin vacunación y, a partir de entonces, caerá el último obstáculo para abrir el mercado mexicano”, dice Francisco Turra, exministro de Agricultura de Brasil.

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Descartada la opción de un Tratado de Libre Comercio, Brasil y México se enfocaron, en los últimos años, en ampliar el Acuerdo de Complementación Económica (ACE) 53, que regula todo el comercio entre ambos países, a excepción del sector automotriz. Con el objetivo de extender el número de productos con preferencias arancelarias de los actuales 792 a más de 3,000, en febrero pasado se llevó a cabo la novena ronda de negociaciones en la Ciudad de México.

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